Más allá de las preocupaciones laborales, académicas, conyugales y familiares, mi vida se compone de una serie de preocupaciones femeninas diarias que, aunque no sean profundas, no dejan de ser importantes. La tarea a veces resulta agotadora, ya que se trata de una lista interminable con ítems que se retroalimentan y no se acaban nunca. Esta semana, por ejemplo:
*Comprar regalo para mi amiga que cumple años, para mi padre por su día, para el padre de mi novio por su día (este punto depende qué tan Susanita me sienta el día anterior), para mi abuela pues me olvidé de traerle un presente del viaje.
*Hacerme ajustar las patitas de los anteojos.
*Hacerme un baño de crema.
*Hacerme una limpieza de cutis.
*Comprar crema para manos secas.
*Comprar una copa de vino para reemplazar la que rompí torpemente.
*Comprar toallitas, un cepillo de pelo de esos de madera y una lima.
*Hacer torta de ricota para el domingo.
*Tomar agua, por las dudas (dicen que lo importante es estar hidratado).